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A veces para disfrutar de los placeres de la vida, no hace falta tanta explicación.

¿Cómo llegamos a esto querido lector, querida lectora? ¿Cuándo nos convertimos en unos seres seriales de raciocinio de pulsiones? ¿Todo tenemos que explicar?

Sabes que muchas veces me pregunto si realmente hay un solo responsable o somos muchos. O sin lugar a dudas caímos en una trampa. Porque el vino pierde consumidores y otras bebidas ganan. Y la tendencia sigue.

Y muy probablemente para esta cuestión también habrá una refutación para explicarla, y una vez más seguiremos explicando.

Bueno, es la lógica del mercado. Hay que adaptarse a los tiempos que corren. Los tiempos cambiaron. Querido lector, querida lectora, no me cierra.

Un mundo distinto

El mundo tradicional del vino es raro. Le cuesta hacer cambios. Hablo de Europa fundamentalmente. Y para ellos es un debe muchas veces. Quisieran ser más frescos y poder producir modificaciones que los tienen atados. No deja de ser una virtud y un problema a la vez.

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Admiran a la Argentina en ciertos aspectos. Vos te vas dos años de acá y volvés y es un mundo distinto. Somos rápidos para eso.

Es como ese chico joven que busca la identidad, llamar la atención. Entonces, cuando podemos repasar la corta historia que tenemos, aparece ese eterno loop de doscientos años de los mismos problemas.

Pero el mundo cambia. En serio.

Explicando el placer

Amigo lector, amiga lectora, entonces ¿Por qué razón llegamos a esto? ¿En qué parte del proceso estamos? ¿Por qué hay que llevar a la razón a cuestiones vinculadas con la emoción?

La verdad que desde la razón le digo, que pensándolo bien no tiene lógica. Cada vez tomamos menos vinos, pero ahora sabemos que recuerdan a moras y grosellas. 

¿Somos gente rara no? Intentamos explicar cuestiones del gusto y no nos quedamos ahí. Sino que nos abanderamos atrás de una causa. Por la razón que sea. Otra vez la razón.

Sabe qué querido lector, querida lectora. Yo prefiero no saber más nada de vinos. Ahora me iré a sentar frente a la montaña, o el mar, o donde ese lugar me encuentre y voy a descorchar una botella. Un momento único me espera.