Search
Close this search box.

Con el paso de los años, todo lo que rodea a la bebida nacional se ha vuelto muy especial. Aquí una pequeña guía para no andar perdido.

De un tiempo hasta hoy, hemos vivido un boom del mundo del vino en la Argentina. Explotaron los varietales, luego llegaron los críticos, el Malbec se instaló en el mundo, los chefs y sus platos comenzaron a tomar protagonismo y las bodegas son un infaltable en cualquier recorrido trending por los caminos del vino.

Ahora… ¿Cómo llegamos a esto? La pregunta puede tener diversas respuestas. Y la mayoría, en gran medida, van a ser auspiciosas. Durante los últimos años la industria ha venido trabajando de manera desordenada, pero con resultados positivos.

Sin embargo, cuidado: no deja de significar una señal de alarma la caída del consumo en todos los segmentos. Muchos lo atribuyen a que el consumidor se volvió más exigente y busca más calidad en el vino. Pero yo no me lo creo.

La pérdida del poder adquisitivo, el constante enfoque en los mercados externos (claramente más rentables para las bodegas), el interés primario en los turistas extranjeros que visitan Argentina por el vino, han encarecido el producto en general. El local se va quedando afuera por lógicas propias del mercado, que ajusta naturalmente y deja sobrevivir a aquellos que responden a ciertas demandas.

Pero, siempre hay un pero

Frente a este lógico panorama que azota no sólo a la economía del vino, sino a toda la macro argentina, donde los ciudadanos de esta tierra cada vez nos caemos de las ilusas clases sociales, el vino ofrece oportunidades.

Todavía hay en el mercado vinos por menos de 1000 pesos, que hoy son una ganga y que pueden discutirle de igual a igual a muchos exponentes mundiales de la misma talla. Estamos hablando de menos de 2,5 euros o 3 dólares.

vinosbrindis

En ese rango de precios, hay en el mercado argentino una calidad soberbia. Es recontra fácil engolar la voz con el ícono de 50000 pesos por botella, pero mejor aún es hablar normal y saber y enorgullecerse por lo que se hace en esos segmentos, que sigue siendo digno de imitar en el mundo.

No tengas pudor ni vergüenza de mostrar estos vinos que disfrutas por esos precios. Al final del día son los que bancan todo el circo y su calidad sigue siendo indiscutible.

Marcas alternativas

Viste que en otros rubros, existe eso de “marcas alternativas”. Productos sin tanto renombre comercial y que pueden resultar bien cómodos para reemplazar a la marca “acomodada” del mercado que pone el precio referencial. Algunos le llaman desagradablemente “segundas” o “genéricas”.

En el mundo del vino no tenemos ese problema, porque está plagado de “marcas alternativas”. De hecho, en ciertas ocasiones sucede al revés. Son los grandes conglomerados de vinos o grandes grupos los que presentan precios más “competitivos” que aquellos pequeños productores, donde la rentabilidad es muy escasa.

Por lo tanto, aquí prevalece el “camine señora”. Son tantas las marcas de vinos que hay en la Argentina y la enorme diversidad con que nos enfrentamos, que habrá toda una vida para entretenerse. Y como dato adicional te digo que muchos de ellos quedan exclusivamente en el mercado local, para sacar esa idea de que lo mejor se exporta. Por eso hay que aprovechar.

La verdad es que no hay recetas. Siempre será tu presupuesto, tus ganas, tu curiosidad, tus motivaciones los que te lleven a elegir tal o cual etiqueta. No hay fórmulas, no depende de ninguna regla preestablecida, no influye ningún puntaje, ni quién lo diga. Queda en vos animarte, no dejar abrumarte con demasiada información y probar. Siempre probar.