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Las redes sociales nos atraviesan y nos interpelan. El vino no queda fuera de esa lógica. Las nuevas generaciones y el rol clave en la nueva forma de comunicarnos.

Por Federico Lancia

En muchas ocasiones me pregunto la influencia real que tienen las redes sociales en nuestras vidas. Ciertamente estamos insertos dentro de esta época de vínculos virtuales y ya casi no concebimos la vida sin ellas.

Podes pensar en la que quieras. Cada una tiene un rol diferente e incluso hay usuarios distintos que van respondiendo cada uno a sus lógicas específicas. Sin embargo nos resulta difícil contestar severamente ese interrogante: ¿Cuál es el grado real de influencia de la redes sobre nuestro mundo real?

Particularmente, cuando pensamos en el mundo idílico que muchas redes muestran no puedo dejar de caer en la tentación de ese pensamiento conspirador que revela que al final del día sirve nada más que para eso: idealizar.

Cuando veo un posteo en Instagram con algún vino o historia contada en cierto lugar maravilloso pienso si ese mensaje podrá llegar a cambiar la conducta de alguien que lo ve, precisamente en lo que a consumo se refiere.

Un vino viral

Lo concreto es que el vino se ha vuelto un hecho viral. Palabra que resulta cómoda para explicar el proceso, pero con gran carga de negatividad en los días que corren.

Y en ese proceso comunicacional es en donde los productores de contenidos y particularmente las bodegas deben apuntar los cañones. Porque ya sea en un “directo” de Instagram o en un video de Tik Tok, o incluso en un comentario en Facebook, los vinos se han vuelto protagonistas de las redes.

En la mayoría de las veces, podemos afirmar que lo hay es cierta heterogeneidad y cuesta encontrar los emisores adecuados según las necesidades de cada consumidor. Pero podemos probar y ver la cantidad de cosas que aparecen.

Un vino que es degustado en una serie de moda, ese personaje famoso que visitó la bodega, el especialista que te recomienda cómo maridar el Malbec, el vino elegido para coronar la victoria o el que se servirá en esa cena de gala.

Ahora todo se va al piso, cuando los emisores no tienen la más remota idea de cómo funcionan los canales.

Auténticos y verdaderos

No hay peor situación que caer en una acción de redes que no dice nada de verdad, que no expresa la realidad. Esa que crea falsas expectativas, y que luego cuando vemos o probamos lo que vimos en su momento; es una cosa diferente de lo que nos anunciaron y prometieron.

Al vino se le abre una gran oportunidad en el segmento. Pero debe ser cuidadoso. Hoy está plagado de imágenes en las redes que no reflejan nada de lo que es realmente. También hay que decir, que numerosos emprendimientos vitivinícolas han hecho de sus redes su mayor fortaleza.

Lo cierto es que no podremos decir, más allá de numerosos estudios vigentes, cuánto influyen las redes en la compra de un vino. No podemos responder si la experiencia mostrada por medio de una foto o una historia tiene una implicancia directa en el comportamiento del consumidor. Ni menos cuánto aporta ese vino en ese capítulo de nuestra serie favorita.

Lo que sí está claro es que no pueden evitarse. Porque la realidad hoy es también nuestro smartphone. Y quedar afuera de eso sería un error garrafal.