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La resignación de la mayoría de los mendocinos frente a las propuestas de las bodegas es general. Hay excepciones, pero no deja de ser un tema recurrente.

Es casi un clásico ya. El dicho se escuchó por todos lados: “Hay que agradecer a la gente local, porque ayudaron a muchos restaurantes de bodegas y propuestas turísticas a subsistir durante la pandemia por Covid-19”. Ahora que parece pasar este momento traumático para la humanidad, la lógica parece retomar los rieles normales.

Esa lógica está cimentada básicamente por lo que dice el mercado. Mendoza es un destino de moda y un destino de alta gama. Y aquel que por la circunstancia que sea en su momento lo probó y disfrutó, le resulta extraño el hecho de que ahora no puede acceder.  Antes lo hicieron posible. Ahora no.

La gente hace un justo reclamo por haber apoyado durante las épocas difíciles, pues ahora siente que “le dan vuelta la cara”. Claro, no es tan así. Pero da toda la sensación.

Billetera mata galán

Lo cierto es que está sucediendo: los mendocinos sienten que se quedan afuera. Es que hoy hay propuestas de alto nivel en las bodegas y restaurantes, que ya se estaban planificando pre pandemia, y que se vieron interrumpidas por ese momento.

Aquellos que han acomodado sus precios, sin dudas lo hacen porque hay una demanda que solicita su producto y puede pagarlo. Lejos de lo que puede pagar el local, claro, pero la demanda está. Si existe, es porque alguien lo paga.

atamisque turismo

Después podemos discutir si lo vale, o no. Si es excesivo, si por esa plata también me puedo alojar en grandes hoteles del mundo o comer en excelentes restaurantes. Todo eso es discutible. Lo que no es discutible, es la demanda. El que puede pagarlo está y viene.

La pregunta sería ¿Cuán sustentable en el tiempo o que lógica de planificación sigue este crecimiento en el turismo de alta gama? ¿Se desprende hacía segmentos más económicos, en lo que respecta a la calidad y sofisticación?

La ñata contra el vidrio

No está mal que la provincia crezca en opciones de alta gama y que esas propuestas generen un valor mayúsculo, tanto dentro del país como fuera. Lo que resulta ruidoso es que no hay desprendimiento hacia todos los segmentos.

Vamos a ser más concretos. San Sebastián (en el país Vasco, en España) o Lima (capital del Perú) son sin lugar a dudas, capitales mundiales de la gastronomía. Y son esto más allá de sus restaurantes con tres estrellas Michelin o The World’s 50 Best Restaurants.

Lo son básicamente, porque en cualquier lugar donde decidas comer, estás a un nivel que te resultará difícil de olvidar. Por lo bueno y excelente.

Muy probablemente nos esté pasando con el vino en Mendoza. Lo que pruebes será más o menos emocionante. Pero el piso de calidad, está bien arriba.

Por lo pronto, la realidad que nos toca a muchos por estos días es la de seguir mirando por la ventana cómo disfrutan de esas propuestas los que pueden acceder por la lógica de la oferta y la demanda. ¿Qué esperamos? Que esa lógica llegue a un segmento más razonable. Hay un público ahí disponible.