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Meterse con el precio del vino es entrar en la calesita de valores de productos que hay en el país. Ahora de esto se habla desde hace rato en los consumidores.

Es muy probable que mientras leas esta nota, la lista de precios de los vinos esté nuevamente cambiando, resultado de lo que todos ya sabemos. Aquí no sólo se remarcan los vinos, sino casi todo. Incluso lo que está “cuidado”.

Por lo tanto, hablar de que es caro y que no, en un proceso inflacionario crónico, resulta medio complicado o realmente imposible. Pero no es el motivo de esta columna. Por años, viene sucediendo una discusión en el mundo del vino, sobre todo en los vinos de lujo. Con precios, para la mayoría de los mortales argentinos, inalcanzable.

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Y eso sumarle la eterna desconfianza de que se trata de “un vino”. “No puede ser que un vino tenga ese precio, es puro negocio”.

El costo del vino

Empezando desde la compra de uva hasta la distribución, podríamos hacer un listado de la cantidad de cosas que hay más allá del líquido: botella (tema demasiado complicado), etiquetas, corchos, personal, punto de ventas, marketing, y seguro me quedo corto con otras cuestiones.

Vuelvo a eso, no es mi intención hacer un desmembramiento de todo lo que incluye una botella de vino, en materia de costes y valores. Sino intentar mostrar cómo en pocos rubros, el vino tiene una amplia oferta de opciones.

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Si ya se que no es lo primero que pensás en comprar hoy. Pero también te pasa con montones de cosas en la Argentina. Hoy compramos para lo que nos alcanza. Entonces, entrar en esa comparación es, por lo menos, desgastante.

No es uva nada más

Lo interesante es poder mirar todo el mundo del vino como una gran propuesta de valores, para todos los segmentos. Muchas veces, difícil de explicar, porque las botellas se parecen y adentro hay vinos. Pero créeme. No todo es lo mismo.

Claramente pueden haber algunos “excedidos”, pero como en todos los rubros: la moda, los autos, los relojes, los móviles. En el segmento superior, empiezan a jugar los detalles o cosas intangibles: la marca, el terroir, la tradición, la oferta, la demanda. En cuestiones de precios, no es igual un vino de Italia, Francia o España (con vasta tradición) que uno de estas regiones.

Cuando comprás una botella de vino no adquirís un mercancía común y corriente. Empieza a jugar el prestigio de esa marca, la historia, cómo fue esa cosecha, cuánto llovió, cuánto no llovió. Y sobre todas las cosas, el lugar de donde proviene. Todo esto es lo que lo diferencia de cualquier otra bebida alcohólica.

De hecho, estoy convencido que en general el vino argentino en materia de precios es accesible, incluso en segmentos superiores. Los que están flacos, son nuestros bolsillos.