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Preocupa que en ciertos momentos, dentro de la industria del vino argentino, se tira todo lo hecho y se vuelve a empezar. Los consumidores, medio perdidos.

En el mundo del vino a nivel mundial hay una frase que se repite de manera constante: “Lo más difícil son los primeros cien años”. Una expresión que muestra cómo el tiempo en esta materia tiene otra dimensión.

Incluso se nota aún más, porque en los tiempos que vivimos, estamos en la otra punta de esta afirmación. Todo tiene que suceder ya y ahora.

Y entrar en esa lógica, puede hacernos caer en una enorme y tentadora trampa: la moda. Y no porque la moda esté mal, sino que es muy difícil de amalgamar con el concepto central del tiempo de un vino.

Mueva la copa y sienta

Cierto es que al final esto es un negocio y la película se cuenta en cuántas botellas vendés. Nadie discute eso, ni nadie plantea algo diferente.

Por lo que el consumidor será quien determine qué vinos son más de su paladar frente a otros que no. Esto es así. ¿Es así? Veamos.

pexels nadin sh

El hecho de que se tenga que “comunicar” distintos elementos del vino para que el consumidor “entienda” lo que está tomando, abre una serie de interrogantes, en principio inquietantes.

Resulta que la misma etiqueta, de la misma bodega, antes era un Malbec con gran presencia de madera. Como dirán los sommeliers: gordo, pesado, estructurado, donde las barricas eran todo.

Ahora esa etiqueta, de la misma bodega, tiene un Malbec, casi sin madera, flaco, lineal, vertical, punzante (todas expresiones usadas también por entendidos de vino).

Raro. O quizá similar a lo que hace Armani en la sastrería. En los 80 anchos y con hombreras, hoy chupines y pegados al cuerpo.

El que más te gusta, pero de esto

En todo caso, cuando decimos la frase: “El mejor vino es el que más te gusta”, podría quedar acotada en lo siguiente: “Es el que más te gusta, de lo que hay disponible”.

Lo que quiero decir, es que hace 10 o 15 años, todos los vinos argentinos tenían que tener madera y sino pasaban por ahí, al purgatorio.

Hoy, la madera casi que ni la nombran o te lo dicen despacito, en voz baja. ¿En dónde andaremos por 10 o 15 años?

Para no hacérsela más larga, querido lector, querida lectora. Lo importante será no arruinar lo que hemos hecho. Aquí no funciona el borrón y cuenta nueva. Para nada. La identidad de una tierra de vinos la conforman sus cientos de años de historia, su presente y su potencial para los años venideros.

Renegar de algunos de estos aspectos será transformarse en un lugar con menos magia, con menos espíritu, y siempre volviendo a empezar de nuevo en esos famosos primeros cien años.