En el interior de la industria del vino es un tema recurrente. De manera clara, el criterio de algunos especialistas inciden en las ventas en el mercado externo. Al consumidor local no lo afecta.

Para empezar deberíamos preguntarnos juntos qué miramos cuando nos acercamos a una góndola de vinos o ingresamos a una vinoteca a comprar alguna recomendación. Seguramente la mayoría de las respuestas está muy lejos de los puntajes que obtuvo y menos aún de quién le puso ese puntaje y qué significa.

Con toda sinceridad, en estos mercados es muy probable que lo primero que miremos sea el precio. Y luego levantemos la vista y comencemos a indagar sobre el varietal, o el tipo de vino o a qué bodega pertenece. 

De hecho resultaría muy extraño que en tu próxima reunión de amigos o familiares, descorches el vino elegido diciendo “este tiene 98 puntos”. Sería muy atractivo ver la cara de los demás integrantes de la reunión luego de ese momento.

Lo que quiero decir, es que en el mercado argentino estamos muy lejos de que este aspecto tenga algún grado de relevancia en el consumidor. Quizás en ese pequeño nicho de fanáticos que están detrás de estos puntajes, pero que en la cuenta global de ventas y números reales en el mercado local significan muy poco. 

Qué son los puntos en los vinos y para qué sirven

Ahora bien, ¿Son importantes los puntos para el desarrollo del vino argentino en el mundo? Claro que sí. Porque en mercados de consumo (muy diferentes al nuestro) donde el mar de etiquetas es enorme, funcionan de guía para que los consumidores puedan elegir en esa gran variabilidad. 

Salvo algunas publicaciones especializadas, en los últimos años los puntajes en los vinos los terminan definiendo pocos paladares y dichas calificaciones (al tratarse obviamente de subjetividades) están siempre cargadas de mantos de desconfianza. En general estas sospechas las expresan quienes obtienen puntajes bajos, claro. 

Sin dudas que es un tema controversial. Pero las bodegas tienen que optar por este camino porque al fin de cuentas para poder llegar a nuevos mercados, hay que tener buenos puntos y jugar este partido. 

Conectar con el consumidor

La Argentina como productora de grandes vinos tiene muchas cosas para entregar y lo hemos dicho muchas veces en estos espacios. Su historia, su gente, sus lugares, las bodegas y por supuesto la calidad de sus vinos. 

Y usar un registro de comunicación que puede servir en otros países para el mercado doméstico puede ser peligroso. Los gurúes del vino pueden tener cierta influencia en la pequeña burbuja de consumidores especializados, pero lo cierto es que sus criterios poco importan en el gran comprador de vinos en la Argentina.  

Los vinos de las bodegas locales, además de “gustarles” a ciertos paladares internacionales, deben conectar con su consumidor. Y hoy esa conexión está vinculada a lo emocional, a lo experimental. Me resulta muy difícil imaginar a los nuevos y jóvenes  consumidores argentinos eligiendo vinos en virtud de lo que dice un hombre o una mujer británica, americano o español, de nombre desconocido. 

Es un debate que la propia industria del vino en el país tiene que plantearse. Sobre todo porque no se está solo en este gran mercado de bebidas en el país.