Nueva generación de enólogas. Comenzaron a trabajar antes de recibirse y consiguieron logros antes de los 30.

Son apasionadas en lo que hacen. La experiencia de tres enólogas de Mendoza que comenzaron a elaborar vinos apenas alcanzada la mayoría de edad. Hicieron vendimias, viajaron y se perfeccionaron: en pocos años cosecharon importantes logros personales.

Para ellas no existe el techo de cristal que impone límites en posiciones de jerarquía a las mujeres: hicieron sus propios vinos, lideran proyectos y ocupan puestos importantes.

Antonella

Desde que era una nena, la mayoría de los fines de semana de Antonella Bressia (27) fue en el viñedo y la bodega familiar de Agrelo, Lujan de Cuyo. Junto a sus hermanos (Marita, Walter y Álvaro) acompañaban a su papá Walter Bressia a realizar labores en la viña, probar mosto y aprender a elaborar un vino.

Diez años atrás, cuando Antonella –la más chica de cuatro hermanos- estaba terminando el secundario, su papá les propuso formar parte de la bodega pero con una propia línea de vinos. Lanzaron Sylvestra, un proyecto de familia que lleva en cada etiqueta las iniciales de los hermanos. Y juntos preparan un vino en homenaje a su padre que se llamará Saro (el apodo cariñoso con que lo llaman).

Antonella junto a sus hermanos.

Sylvestra surgió como un proyecto que buscaba atraer a un consumidor joven, aportar ideas nuevas, frescas y mostrar el vino de cada año. Eventos de sunset, wine day, momentos especiales y experiencias completas de vino, música, aire libre, en la misma bodega.

“Es la segunda generación, el espíritu joven de la bodega”, define Marita, a cargo del Marketing y el Turismo. Son vinos de alta calidad pero con otro mensaje al consumidor: “más joven, más divertida, más fresca. Gente que quiere ir a pasarla bien en contacto con la naturaleza: yoga en los caminos del vino”, asegura.

Recién egresada de la carrera de Enología, Antonella disfruta el desafía de elaborar vinos propios y dice que le gustaría lograr la visión e imaginación que tiene su papá con cada nueva añada.

Agustina

Agustina Hanna (30) empezó a trabajar a los 19 años mientras estudiaba la licenciatura en Enología. “Tenía mucha ansiedad por saber de qué se trataba el mundo de las bodegas. Me gustaba la enología aunque no tenía familia vinculada a la industria del vino”, cuenta.

Su primera vendimia fue en bodega Monteviejo, junto al enólogo Marcelo Pelleriti, a quien reconoce como su gran maestro. Trabajó para importantes bodegas como enóloga junior y al recibirse, continuó capacitándose en España y Francia,  en la elaboración de vinos de alta gama.

Agustina, acaba de ser designada primera enóloga de Ruca Malen.

Su primer vino fue de variedad garnacha, a sus 22 años. Lo elaboró, a modo de ensayo, en bodega El grillo y la luna, en Somontano, España. “Provenía de una viña antigua con muy linda concentración e intensidad aromática. Fue una experiencia muy motivadora”, recuerda Agustina.

Con 25 años volvió a trabajar a Mendoza, como segunda enóloga en Bodega Rolland y luego pasó a integrar el equipo de Santiago Mayorga (a quien define como su gran mentor), en Nieto Senetiner. Ahora, con 30 años y la experiencia de 15 cosechas, acaba de ser designada primera enóloga de bodega Ruca Malen.

Agustina confiesa que muchas veces se replanteó si no estaba quemando etapas por comenzar desde tan joven, pero asegura que nunca lo vivió como un sacrificio sino como una afortunada: “poder dedicarme a lo realmente amo, rodearme de los mejores maestros y participar de experiencias inolvidables”.

Para atraer a los más jóvenes dice: “Hay que simplificar el mensaje, quitarle el lado serio y los preconceptos de que hay que saber mucho para tomar vino: el vino es para disfrutarlo, sin reglas y el mejor es el que le gusta a cada uno”.

Noelia

Dentro de la misma generación está Noelia González (35). La enóloga decidió viajar a Uruguay en la vendimia 2021 para ampliar su experiencia laboral, después de permanecer 9 años en la bodega Ojo de Agua, propiedad del artista y cantante suizo Dieter Meier.

“Empecé con la enología a los 22 años, estudiando la carrera. He aprendido mucho en Ojo de Agua, como parte del equipo de Marcelo Peleritti, donde tuve la oportunidad de elaborar vinos orgánicos y marcó mi futuro”.

Noelia embarcada en el proyecto de vinos orgánicos y sustentables.

Su padre enólogo, trabajó en Lagarde en los 90, cuando arrancó la gran reconversión vitícola argentina. Pero, Noelia, se siente parte de una nueva etapa de la industria que tiene que ver con los vinos orgánicos y la agricultura sustentable. “Como elaboradora solo quiero trabajar en una enología sustentable y amigable con el medioambiente”. afirma.

El pasado verano, decidió hacer la vendimia en forma de pasante en la Bodega Oceánica José Ignacio, de Maldonado. Viajó a Uruguay porque disfruta trabajar cerca del mar. “Durante 9 años, siempre en setiembre, hice vendimia en Ibiza en los viñedos de Dieter Meier y extrañaba la brisa del océano”, destaca.

Embarcada en proyectos laborales personales, resume lo que ha conseguido gracias a su carrera de enóloga”. Y enumera: “me abrió la cabeza, me mostró lugares, terruños y uvas diferentes en Argentina y otras países, conocí grandes personas y compartí momentos inolvidables. Me ha hecho sentir útil y confiada de mis decisiones, y me ha permitido crecer mucho”.

Las tres enólogas son ejemplo de que se pueden alcanzar metas sin condicionamientos de género ni edad.