El  Banco Supervielle presentó su informe anual sobre la situación de la vitivinicultura. El encuentro empresario, se realizó el 5 de junio, en el salón de los Espejos del Park Hyatt Mendoza. Unas 200 personas, entre clientes, referentes económicos e invitados, siguieron atentos el estudio contratado por la División Vinos del Banco Supervielle.

Aquí el resumen de lo más destacado del informe, en una entrevista con Javier Merino, asesor del Banco y responsable de la investigación económica.

¿Cómo ha impactado la macroeconomía en la industria del vino?

La inflación ha sido una variable fundamental en el último año con su impacto en salarios, tipo de cambio y tasas de interés. El mercado interno cayó entre 4 y 5% en comparación con el año pasado; mientras el tipo de cambio –post devaluación del 100%- benefició a la exportación de vino a granel. Y, en el caso del vino fraccionado, también mejoró su rendimiento (35% más), pero volver a ocupar lugares en las góndolas, no será fácil. Esperamos que la facturación en exportación mejore, estamos en 800 millones de dólares, con un dólar más fuerte.

Las altas tasas de interés le pegan brutalmente al sector porque tiene una gran cantidad de stocks inmovilizado. El costo anual de inmovilizar stocks de vino en Argentina fue, en marzo, del 79% anual en el caso del vino de traslado y del 46%, en el caso del vino a consumidor. Claramente deshacerse de stocks de vinos es una prioridad del sector en el último año. La forma más rápida de hacerla es bajando precios que es mucho más “fácil” para el vino de traslado aunque esto implica trasladarle el costo de inmovilización a las bodegas fraccionadoras lo cual no resulta atractivo para éstas, a menos que la rebaja de precios sea considerable. En el caso del vino a consumidor, se hace a través del descuento en góndola pero esto tiene un límite que es la competencia con todas las promociones que hoy existen de otros productos y la imagen de los vinos.

¿Hacia dónde va el mercado interno consumidor de vino?

El consumo en 10 años ha caído de 28 litros a 18 litros anuales per cápita. Las ofertas y descuentos han sido los signos de estos últimos dos años y casi nadie compra un vino sino tiene algún descuento asociado.

En el mercado interno han aparecido cosas muy interesantes. De un análisis de 1.800 marcas del mercado nacional, 80 de ellas han aumentado la facturación. La sorpresa es que todas las que aumentaron de compañías grandes y chicas, eran novedades y apuntaban  hacia el público más joven.

Si uno mira a la producción vitícola, hay algunos lugares que están creciendo en superficie, como Tupungato y Luján. Hay una concentración hacia ciertos varietales. El Malbec es el único que crece en superficie plantada, porque es una inversión segura.

¿Avizora una nueva vitivinicultura?

Hay un rediseño de la vitivinicultura. Vamos hacia una industria del vino más profesional, de menor volumen y tamaño (tal vez 190 mil hectáreas en el futuro) y de altísima profesionalización. Una vitivinicultura que buscará entender mejor a los consumidores, los nichos de mercado, nuevos formatos de negocios, la venta directa, el turismo y todo lo que implique una mayor calidad de negocios.

¿Cómo impacta el escenario electoral en el mercado del vino?

Lo complica. Sin embargo, la vitivinicultura lleva un proceso de transformación durante 30 años y, estos últimos 4 o 5 años, han sido un retorno a la realidad. Está concluyendo su transformación de una manera más dramática: menos bodegas, más profesionalización y peleas por alcanzar lugares en cada segmento.

¿Y quién sobrevive dentro de la industria?

Hay adquisiciones de bodegas y llegada de fondos de inversión para profesionalizar las bodegas. Todo lo que está por encima de 100 o 120 pesos la botella en góndola son productos rentables, por debajo de eso, se cae. Este año, probablemente, perforemos los 18 litros per cápita de consumo anual. Los vinos que se eligen son de más calidad, de mayor precio. Estamos frente a una súper especialización del consumo, una búsqueda más premium.