El creador del Clos de los Siete presentó su vino 2017, elaborado en el Valle de Uco, en Mendoza. Cuestionó a los que hacen vinos orgánicos como una estrategia de marketing, cuando muchos son «vinos tontos, intomables».

«Nunca me pasó en los últimos 40 años de mi vida de no tomar un avión por tanto tiempo”. Así comienza su charla desde Francia, el enólogo Michel Rolland, alma mater del exclusivo complejo vitivinícola Clos de los Siete, que hace seis meses no sube a un avión. A sus 72 años, el consultor que contribuyó a la internalización del vino argentino, sigue asesorando en forma personal a bodegas de 12 países y su laboratorio enológico trabaja con emprendimientos de 21 países.

La comunicación virtual de Rolland con periodistas argentinos, coincidió con el lanzamiento de la cosecha 2017 del Clos de los Siete: “Una buena cosecha, en un año un poco frío, con menor producción (790 mil litros cuando los años siguientes ha sido de casi un millón), pero con un vino que, para ser honesto, está por arriba de nuestro objetivo que tenemos de los vinos del Clos”, definió el enólogo.

El vino Clos de los Siete 2017 está compuesto por: 52% de Malbec, 21% de Merlot, 15% de Syrah, 7% de Cabernet Sauvignon, 3% de Petit Verdot y 2% de Cabernet Franc, con un crianza de 11 meses en barricas de roble. Se vende a $950 en Argentina y alrededor de U$S 20 en Estados Unidos.

El escenario actual dominado por la pandemia de Covid-19 se apropió de la charla con Rolland, en el momento en que en Europa comienza la cosecha.

¿Cómo será recordada la cosecha 2020?

El 2020 no será un fantástico recuerdo y el vino es algo para recordar. Esa cosecha tiene riesgo de ser un año negro. Espero que el vino sea bueno, lo está siendo en Argentina y en el hemisferio Norte. Producir muy buenos vinos para que se olvide un poco este año complicado. Espero que no se castigue al vino, un vino bueno, es bueno.

 

¿Le sorprendió la tendencia de mayor consumo de vino durante la pandemia?

En Argentina, la gente confinada, tenía dos cosas para hacer: comer y beber. Aumentó el consumo porque en la casa se toma más ahora durante la pandemia.

¿Está de acuerdo con el vino en lata para conquistar al consumidor sub 30?

Puede ser que el vino necesita una nueva historia y la lata puede ser una buena historia. Pero no creo que en Burdeos me den bolilla de usarla. Sin embargo, en la discoteca, en la calle o en una playa, puede servir para tomar vino con un poco menos de alcohol. Tenemos que buscar el producto adecuado para la lata.

¿Qué opina de la tendencia a producir vinos orgánicos y biodinámicos?

En Francia, los ecológicos salieron muy fuerte, ganan elecciones y son una tendencia mundial. Por el cambio climático y los problemas ecológicos, la gente está cada vez más convencida de que lo “bio” es una solución a todo. Creo que la viticultura se está preguntando cómo hacer un cultivo cada vez más sano, orgánico, biodinámico, pero no se puede hacer de un día a otro. Lo orgánico hoy se usa como marketing. En mi caso, el vino Val de Flores es orgánico desde 20011 y nunca lo he puesto en la botella porque no puedo tomar eso como marketing. No quiero vender porque el vino es orgánico, quiero vender porque es un buen vino.

De todos modos, si hacemos un cultivo mucho más sano, sin duda, mejor. En un año como 2016, hemos tratado 10 o 12 veces, el doble que en otras cosechas, los viñedos en Val de Flores. El cobre no es amigo de los suelos ni del hombre, pero hay que hablar la verdad, no se puede hacer el orgánico a cualquier precio. Hay muchos orgánicos tontos, intomables. Y muchos sommeliers que, por ser orgánico, están listos por apreciar vinos nada apreciables.