La enóloga con importante trayectoria en la industria reconoce el lugar que han ido ganando las mujeres el sector, pero sostiene que aún falta. Diferencias y similitudes con los hombres. Y un Club de Profesionales que sigue creciendo.

Estela es una de las referentes indiscutidas de la industria del vino. Hoy podemos encontrar en el mercados grandes ejemplares suyos, como son los proyectos Luca o La Posta (junto a Laura Catena). Además del asesoramiento a otros proyectos enológicos.

Desde sus comienzos se fue haciendo lugar en una industria manejada casi en su totalidad por hombres y donde la mirada de la mujer era una rareza. Eso en estos tiempos, por suerte, ha ido cambiando y cada vez más mujeres son parte importante del mundo del vino.

He aquí su mirada actual sobre esta realidad que vive el sector y cada vez se vuelve más rica en materia de estilos y formas, producto de este intercambio entre varones y mujeres, básicamente entre distintas formas de enfocarse sobre nuestro vino

¿Cómo nace este Club de Mujeres Profesionales del Vino?

Este grupo comenzó hace tres años con reuniones de enólogas principales, segundas enólogas, ingenieras agrónomas, y demás con la intención de que por medio de esta red crecer en lo profesional. Las mujeres hemos ganado bastante espacio en el mundo del vino, pero todavía somos una minoría en el sector, como en muchas otras actividades. Y a través de este tipo de asociación (sin fines de lucro), podemos lograr capacitarnos, avanzar, tener más fuerza y más presencia en la industria como protagonistas. La mujer hoy es muy importante y somos nosotras mismas las que nos ponemos límites, con las tareas cotidianas que llevamos a cabo. Desde su formación no fue con una idea feminista, ya que creo que tanto mujeres como hombres tenemos las mismas capacidades, no creo que la mujer tenga mejor paladar. Ni más sensible, ni menos sensible. Pero si es cierto que cuando vas a aplicar para alguna tarea y demás, siempre la mujer tiene mayor dificultad en llegar. Y más aún en un industria que históricamente ha sido manejada por hombres.

Según tu mirada y tu trayectoria en la industria. ¿Desde qué otro lugar pueden aportar la mirada femenina en la producción del vino argentino?

Si naciéramos con las mismas oportunidades y en las mismas condiciones de trabajo, genéticamente no hay diferencias en los aspectos sensoriales. Pero sí somos estimulados de manera diferente. El varón con la pelota de fútbol, y la nena con una muñeca. Por lo menos los que estamos ahora en la industria, es así. Lo cual no quiere decir que no haya hombres que tengan un super sensibilidad olfativa y muy buen gusto y que no haya mujeres que puedan tomar decisiones rápidas, prácticas y eficaces. Creo que la mujer aporta una mirada más precisa de lo que es el consumidor, incluso cuando elaboramos vino, pensamos en el disfrute, en el placer de beber ese vino y no tanto en el resultado o puntajes que lograr con esa producción.

Estela junto a Laura Catena.

En relación al pragmatismo, hablando con otras profesionales sobre distintos puntos conflictivos hoy en la producción de vinos las noté muy prácticas en su resolución…

Estamos acostumbradas a resolver problemas cotidianos y a obtener resultados que funcionen. Filosofamos menos respecto a ciertos temas, probablemente porque educas hijos de la misma forma y luego son diferentes. Después es una cuestión de estilos. Hay gente que elige un camino porque quiere transmitir cierto mensaje. En general, creo que las mujeres somos más dúctiles, plásticas, adaptando un resultado para que sea armónico.